Uno de los mayores retos en la educación de los futuros profesionales es conciliar la academia con la realidad profesional. ¿Qué alternativas se están explorando?

Por: Santiago Pedraza, asistente de investigación técnica del INCP

A medida que los estudiantes de Contaduría Pública avanzan en su carrera, descubren la brecha existente entre la teoría y la práctica. Son muchos los casos en los que, con base en supuestos, se plantean ejercicios en las aulas de clases para favorecer el desarrollo y entendimiento de los temas. Sin embargo, la realidad organizacional está a otro nivel. Llega a tener tal grado de complejidad, que desde la academia no se puede abordar satisfactoriamente. Solo cuando los jóvenes contadores comienzan a vivir y a experimentar de primera mano el campo laboral, se dan cuenta que existen desafíos para los cuales no están preparados. Es así, que más allá de las normas, estándares y principios que son enseñados, los futuros contadores requieren de un mayor acercamiento a esta realidad en la cual tendrán que establecer relaciones con múltiples actores sociales, los cuales tienen sus intereses particulares y actúan en conformidad con ellos. Se espera que el contador tenga la capacidad de evaluar las situaciones a las que se enfrenta y actuar en respuesta a dichas circunstancias.

Esta evaluación y análisis se vuelve difícil bajo un enfoque basado en normas y reglas, con ausencia de interacción social: el comportamiento cambia cuando las personas se ven expuestas a una situación concreta. El factor humano está presente en cada momento, no hay que olvidar el componente social de la información que suministra la contabilidad y los conflictos de interés que se presentan entre los agentes que interactúan en las organizaciones. En este aspecto, es indudable la importancia de conocer los lineamientos en torno al buen actuar de la profesión, como lo es el Código Internacional de Ética para Profesionales de la Contabilidad con sus principios fundamentales (integridad, objetividad, competencia y debida diligencia, confidencialidad y conducta profesional). Sin embargo, para lograr interiorizar estos conceptos, se necesita que se complemente con el uso de un enfoque diferente, por ejemplo, el estudio de casos reales e imaginarios en los que se presenten los dilemas éticos que pueden surgir, con ello se permite desarrollar un pensamiento crítico y obtener un mejor juicio profesional. Desde la academia se tiene que ir avanzando en mejorar la forma de enseñar ética, es primordial que los jóvenes estudiantes comprendan las dimensiones éticas detrás de los aprendizajes técnicos, con la finalidad de que estén mejor preparados para enfrentar los dilemas éticos que encuentren en la práctica contable. Falta abordar más problemas comunes al ejercicio profesional, que se den espacios de discusión en los que se reflexione sobre lo que significa ser un contador ético. También resulta interesante plantear métodos de aprendizaje en grupo, con juegos de roles o debates en grupos pequeños que favorezcan el trabajo colaborativo. Con ello se contribuirá al fortalecimiento del componente ético de los futuros contadores.

Este trabajo ya ha sido emprendido desde el Consejo de Normas Internacionales de Ética para Contadores (IESBA, por sus siglas en inglés), quienes día a día mejoran el Código Internacional de Ética para Contadores para abarcar en profundidad todas las dimensiones éticas a las que se enfrentan los contadores. Los esfuerzos del IESBA están enfocados en realizar mejoras significativas al Código para abordar de forma más completa y clara la aplicación de los principios éticos en un mundo tan cambiante como el actual. Recordemos que el Código Internacional de Ética para Contadores fue incluido en la normatividad de la profesión contable colombiana desde la llegada de la Ley 1314 de 2009. En la actualidad, resulta imperativo poner en el centro de atención estos temas ya que el actuar profesional de los contadores debe propender por el interés público y la ciencia contable es sin duda una ciencia social. Hay mucho por mejorar, será fundamental generar ideas novedosas de cómo formar a un contador ético y evaluar de forma integral el contenido y la pedagogía impartida por las instituciones educativas con el ánimo de que se formen jóvenes contadores capaces de resolver de la forma más acertada cualquier dilema ético.