Determinar cuáles son los aspectos de más cuidado en la preparación de la información financiera es una tarea que requiere de la aplicación del juicio profesional del auditor. En ContArte presentamos los elementos principales para realizar un análisis de materialidad adecuado y emitir juicios sobre esta.

Por Juan David Hernández, asistente de investigación del INCP

Los profesionales que integran el mundo de la auditoría y la revisoría fiscal cuentan con un principio que les permite determinar el alcance, la naturaleza y la oportunidad de la información que se desarrolla en estos procedimientos, incluidos aquellos que abordan otros servicios de aseguramiento, encargos de revisión o servicios relacionados. Tal principio es la materialidad.

El concepto de materialidad o importancia relativa está inmerso en la evaluación que realiza el auditor o el revisor fiscal para determinar, en efecto de su trabajo, lo que sería importante del desarrollo de sus pruebas, fijando el umbral para la evaluación cuantitativa sobre un respectivo elemento de información financiera que le permita observar los impactos que estos tienen sobre la elaboración de la opinión.

De acuerdo con la más reciente definición del Consejo de Normas Internacionales de Auditoría y Aseguramiento (IAASB, por sus siglas en inglés) la materialidad se define como:

Este concepto se representa en el ejercicio práctico del auditor, mediante una cifra o cifras, definida(s) por él, las cuales deben estar por debajo del nivel de materialidad o importancia relativa que se ha establecido para los estados financieros en su conjunto. De esta manera, se busca que la probabilidad en el total de incorrecciones no corregidas o no detectadas sea superior al nivel de importancia relativa establecido para los estados financieros en su conjunto, se reduzca a nivel aceptablemente bajo. Este mismo análisis se puede realizar para el nivel de materialidad de una partida o transacción.

Esto implica que la materialidad deba ser analizada desde un punto de vista general (de los estados financieros) y otro enfocado al nivel de las partidas o transacciones.

A su vez, para realizar este análisis se tienen dos perspectivas: desde el preparador de la información y desde la perspectiva del auditor. Desde este último punto de vista, el auditor tiene una serie de requerimientos dentro de los que se encuentra determinar el nivel de materialidad o importancia relativa, a fin de determinar el tipo de opinión y de dictamen a realizar (con salvedades, negativo o con abstención). De igual manera, el auditor puede usar este concepto de materialidad como instrumento para la determinación de los métodos de muestreo y de la existencia de hallazgos durante la ejecución del trabajo de auditoría.

Por otra parte, desde la óptica del preparador de la información, determinar la materialidad es de gran importancia para:

Una vez entendido lo que significa el concepto de materialidad y cuál es su aplicación con respecto a las diferentes perspectivas de análisis, es tiempo de conocer cómo se desarrolla la evaluación de la materialidad y cómo se elaboran juicios sobre esta.

Juicios de materialidad        

Cuando se evalúa si una información es material o tiene importancia relativa para los estados financieros, la entidad que evalúa la información aplicará el juicio para determinar si se podría esperar, razonablemente, que la información tenga influencia en las decisiones tomadas por los usuarios con base en los estados financieros. Al aplicar este juicio, la entidad tendrá en cuenta el modo en que la información de los estados financieros satisface las necesidades de los usuarios, así como las características particulares de la organización. Este último aspecto es muy importante, pues dado que las condiciones de una organización están en constante cambio, se hace necesario que la evaluación de la materialidad se realice constantemente en cada fecha de presentación de la información.

Al establecer un paso a paso de cómo deben realizarse los juicios de materialidad, tal como lo señala el documento de práctica de las NIIF N°2 – Realización de juicios relacionados sobre materialidad −emitido por IASB para entidades que no aplican NIIF para PYMES− el análisis de las condiciones de la entidad son sin duda un paso previo junto a considerar el impacto que la información puede generar en los usuarios. Estos pueden ser acreedores reales y potenciales, inversionistas, prestamistas, gerencia de la entidad, entes reguladores y público en general, y deben basar sus decisiones en los estados financieros de propósito general elaborados por la entidad. En el momento en que se elabora un juicio de materialidad, se da por entendido que cuentan con un conocimiento razonable de las actividades económicas de la entidad, por lo cual usarán la información de los estados financieros de manera eficiente.

Estos pasos preliminares son insumo base para iniciar con el proceso de elaboración de los juicios de materialidad que comprende las siguientes fases:

 

Fase 1 – Identificar la información potencialmente material

En esta fase se identifica toda la información que tiene el potencial de ser material o de importancia relativa, como la información referente a las transacciones, condiciones y otros sucesos que los usuarios de la información necesitarían tener en cuenta para la toma de decisiones sobre los recursos de la entidad.

Para establecerla se deben tomar como base los requerimientos de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) aplicables a tales sucesos, condiciones y transacciones. Estas normas representan un punto de partida ideal, ya que consideran las necesidades que se espera la información satisfaga, de un amplio grupo de usuarios en entidades de múltiples sectores.

Posteriormente se determina que otra necesidad de información pueden tener los usuarios, entendiendo que estos, para la toma de decisiones en base a los estados financieros, requieren información sobre los recursos, las obligaciones y los cambios entre estos dos factores.

Fase 2 – Evaluar la información potencialmente material

El resultado del proceso realizado en la fase anterior pasa a ser analizado para verificar si efectivamente se trata de información material o de importancia relativa. Para esta evaluación se toma como criterio la posibilidad de que los principales usuarios de la información esperen de manera razonable que la información de la fase 1 influya en la toma de decisiones sobre la provisión de recursos a la entidad.

Esta evaluación debe tener en cuenta la naturaleza y magnitud de cada elemento que se estudia, razón por la que el análisis de la materialidad en este punto debe considerar factores cuantitativos (medidas de la situación financiera, rendimiento financieros y flujos de efectivo de la entidad) y cualitativos (características de las transacciones de una entidad, sus condiciones o de su contexto, que, al presentarse, hacen más probable que la información influya en las decisiones de los usuarios).

En la medida en que más factores, bien sean cuantitativos o cualitativos, se apliquen a un elemento específico o cuando sean más significativos, existirá una probabilidad mayor de que la información analizada sea material o de importancia relativa.

Fase 3 – Organizar la información en los estados financieros

Una vez que se ha realizado la depuración o verificación de la información en la fase previa, se requiere que se clasifique, caracterice y presente de manera clara y concreta en los estados financieros, para que sea comprensible.

El modo en que se comunica la información es decisión de la entidad, para lo que debe utilizarse el juicio profesional. Sin embargo, es recomendable que la información se clasifique para:

  • Hacer énfasis en los temas de materialidad e importancia relativa.
  • Destacar las relaciones entre las partes interesadas.
  • Asegurar que la información presentada es material y está libre de elementos que no cumplen esta característica.
  • Adaptar la información a las características particulares de la entidad.
  • Facilitar la comparabilidad de la información en diferentes periodos o con otras entidades.
  • Proporcionar la información en el formato que mejor la represente para facilitar su comprensión (tablas, esquemas, mapas, descripciones).
  • Evitar la información duplicada.

Fase 4 – Revisar el borrador de estados financieros

El producto de la fase anterior es el borrador de estados financieros, sobre el cual es fundamental realizar una revisión completa y detallada a fin de establecer si la información contenida en su conjunto es material.

Aunque en principio pueda afirmarse que una información no es material en sí misma, si puede serlo cuando se estudia en combinación de otra información dentro del conjunto de estados financieros.

La revisión de este borrador debe tomar en cuenta la experiencia y el conocimiento adquirido en desarrollo de las transacciones, condiciones u otros sucesos. Mediante esta verificación se da la posibilidad a la entidad de ajustar la información que ha consignado, permitiendo un análisis más global de su situación financiera. Algunas de las situaciones que se estudian en esta revisión hacen referencia a la posibilidad de que los elementos considerados como no materiales pueden serlo si se evalúan en conjunto. Ciertos efectos de la inspección del borrador de estados financieros son:

  • Proporcionar información adicional
  • Mayor desagregación de la información identificada como material o de importancia relativa
  • Eliminación de información considerada no material
  • Reorganización de la información en los estados financieros

Finalmente, se obtiene un borrador de estados financieros revisado, que será la base para los procesos posteriores de preparación de los estados finales, o en dado caso que existan diferencias que impliquen que la fase 2 no se realizó de manera adecuada, el proceso volverá a esta fase y se realizará nuevamente a partir de este punto.