Los fraudes contables implican grandes pérdidas económicas y de confianza en la profesión y el sentido de la ética en el ejercicio diario de los contadores. Hoy, en ContArte, hablamos de los fraudes más recurrentes y sus efectos más comunes.

Por Érika Gómez López, editora del INCP

A través de los años, y desde hace casi un siglo, se han presentado casos de fraudes contables a nivel mundial que han sido muy conocidos, como el de Al Capone (1930) por evasión de impuestos y lavado de dinero; o como el de Enron (2001), que utilizó técnicas contables fraudulentas y afectó a un gran número de personas. A nivel nacional, se cuentan diversos casos de lavado de activos protagonizados por empresas, entidades, pirámides o equipos de fútbol.

Cualquier tipo de fraude que se efectúe acarrea consecuencias económicas, financieras y hasta sociales que inciden en la toma de decisiones de compañías y grupos de personas y, además, conllevan grandes pérdidas monetarias. Pero, adicionalmente, el hecho de que se presente un fraude amenaza a los profesionales contables, ya que en su rol se cuentan la generación y el análisis de los estados financieros. Es por ello que en esta oportunidad ContArte quiere presentar cuáles son los fraudes contables más frecuentes y algunos de los efectos que estos tienen.

El fraude −como concepto− ha sido definido por The Institute of Internal Auditors como: “Todo acto ilegal caracterizado por engaño, ocultación o abuso de confianza. […] Los fraudes son cometidos por personas y organizaciones para obtener dinero, bienes o servicios para evitar el pago o la pérdida de servicios, para obtener una ventaja personal o comercial” (Sánchez et. al).

Ahora bien, al remitirse a investigaciones acerca de las principales motivaciones que impulsan a las personas a cometer un acto fraudulento es posible hallar diferentes teorías. Una de las más reconocidas es la de El Triángulo del Fraude, de Donald R. Cressey, en la que se distinguen tres factores:

Elaboración propia
  • Incentivo/presión: se presenta en las personas por situaciones difíciles, necesidades económicas, codicia, vicios, presión por no cumplir expectativas, entre otros.
  • Oportunidad: cuando se tienen las habilidades para sobrepasar controles o cuando estos no son muy efectivos. Las personas se dan cuenta de que es posible cometer un fraude con bajas probabilidades de ser descubiertas.
  • Racionalización/actitud: este factor corresponde a la cultura o el ambiente organizacional que permite llevar a cabo el fraude.

Prosigamos, entonces, con las modalidades de fraude contable más comunes: la malversación de activos, la alteración de información financiera y la corrupción.

  1. Malversación de activos

Es la apropiación indebida, el robo o uso incorrecto de los activos de una compañía sin autorización y para el lucro propio. Algunas de las prácticas que engloba esta modalidad son la alteración de pagos, el desfalco o el fraude en la nómina (manipulación de horas trabajadas, pago a empleados fantasma, fraude en viáticos).

  1. Alteración de información financiera

Esta modalidad encierra diferentes prácticas o acciones que coinciden −en su mayoría− en intención. A continuación algunas de ellas:

Elaboración propia
  1. Corrupción

Se puede presentar al usar inadecuadamente las influencias o los contactos profesionales para buscar beneficio propio sin tener en consideración lo que le conviene a la compañía. Se pueden contar acciones como sobornos, gratificaciones ilícitas y conflictos de intereses.

En efecto, las consecuencias directas e indirectas de acciones fraudulentas −como se mencionó inicialmente− inciden en diversos niveles, como en la toma de decisiones, ya que (por ejemplo) poseer unos estados financieros alterados resulta en elecciones basadas en datos erróneos y puede derivar en la quiebra de empresas. Recordemos que las decisiones dentro de una compañía se toman teniendo en cuenta la financiación, inversión, las adquisiciones, fusiones y demás aspectos que se reflejan en la creación de valor frente al mercado.

Otro de los niveles que reciben consecuencias directas del fraude es el económico, ya que si se llega a acciones como el cierre de una empresa se afecta directamente a los empleados y a la productividad en la economía, lo que implica inevitablemente el aumento de pobreza de un país; sin contar el daño a la imagen corporativa, la pérdida de confianza de inversionistas, clientes y proveedores.

Finalmente, podemos mencionar el nivel social, que se basa en la desconfianza que acciones fraudulentas generan en las personas hacia las empresas, las entidades del Estado y, estrechamente, la percepción que se construye de la profesión contable, ya que es a un contador a quien consideran como el principal responsable de estas prácticas cuando se descubre una situación de fraude. Es por ello que la responsabilidad de un contador público aumenta en el ejercicio de su profesión. No solo es indispensable estar al tanto de actualizaciones de normas financieras o conocer la teoría necesaria para desempeñarse en el campo laboral; la ética debe ser protagonista en los diferentes roles que un contador pueda ejercer dentro de una compañía.

Fuente

Sánchez, Valencia, Saldarriaga. Acercamiento a fraudes contables y sus principales efectos. Universidad de Antioquia.